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No llores

Estos días la cosa va de llantos. El inicio de colegios, universidades, un baño de lágrimas, tanto para niños como para los padres, y estos días, las conversaciones con amig@s, con conocid@s, con madres del parque, con blogueras, etc, todo gira entorno a lo mismo y es normal; hablamos de lo que nos preocupa y ahora mismo preocupan los niños que lloran porque no se quieren quedar en la escuela o la guardería sin sus padres.

Todo ello me trae aquí, al blog, a reflexionar sobre si los adultos sabemos o no acompañar a los niños en su dolor y en su llanto, y lamento decir y creer que en general no, no sabemos. ¿Qué dicen la mayoría de maestros cuando el niño no quiere dejar el cuello de su madre y grita y llora de pena y rabia? “No llores!”. ¿Qué dicen muchos después de ver a su hijo que ha caído en el parque y se ha hecho un rasguño en la rodilla y llora porque se ha hecho daño y se ha asustado?“No llores, no ha sido nada”. ¿Sabéis qué creo que dirían estos dos niños si pudieran y supieran hacerlo? El primero diría: “Claro que lloro: lloro porque no quiero que mamá se vaya, porque a ti no te conozco de nada, porque tantos niños me dan miedo, porque este lugar me es extraño y me siento inseguro, y porque tengo todo el derecho”. El segundo diría: “Claro que lloro, porque me he hecho daño, porque me he asustado al caer, porque se me han clavado las piedrecitas del parque en la rodilla y no me ha gustado… y sí que ha sido. He caído y me he hecho daño, no crees, que es motivo suficiente para que llore?”

Pero a los padres y a las madres no nos gusta que nuestros hijos lloren por una sencilla razón: nos hacen sufrir, nos hacen sufrir mucho. Si pudiéramos elegir, seguramente escogeríamos que estuvieran siempre contentos y alegres. Que fueran felices, que rieran, que no se enfadaran nunca y que en ningún caso sintieran ni dolor, ni frustración, ni pena, ni añoranza… Nada que los haga sufrir, y por lo tanto, nada que nos haga sufrir, de rebote, a nosotros.

Pero nadie dijo que tener hijos fuera fácil y acompañar a los nuestros en el llanto desconsolado y rompedor es de las cosas más difíciles que hay. Por un lado porque nos rompe el corazón y no queremos que lo pasen mal pero por el otro, y no menos importante, porque nos toca en un lugar muy profundo de nuestra alma y nos activa muy probablemente una memoria que creíamos desaparecida de cuando éramos nosotros los que llorábamos así y éramos, seguramente, mal acompañados en el llanto. Porque quizá nosotros también lloramos cuando nos dejaban en la guardería, o con los abuelos, o cuando íbamos de colonias o campamentos. Porque también echamos de menos a nuestros padres, porque también nos hicimos daño y nos dijeron: “No llores, no ha sido nada!”… y si no ponemos conciencia, si no intentamos recordar qué nos gustaba y qué no, qué nos molestaba o nos daba rabia, o qué nos ayudaba que nos dijeran… repetiremos el cliché y diremos exactamente lo que nos decían a nosotros que muy probablemente será: “No llores”. O cosas mucho peores como: “¡ya eres demasiado mayor para llorar! ¡Pareces una niña! ¿Qué dirá la gente que te vea llorar?” Y tonterías por el estilo…

Cuando tengo un disgusto, cuando ha muerto un amigo, cuando me he sentido mal o he estado muy, muy triste, lo que más me ha ayudado es tener a alguien a mi lado abrazándome y diciéndome: “llora, llora… desahógate… te entiendo y te acompaño… es muy duro lo que ha pasado… llora, llora… ” sin sentirme ni juzgada, ni estúpida. Cuando me acababan de hacer la cesárea y yo lloraba como una magdalena, rota en cuerpo y alma, el ginecólogo, las comadronas, las enfermeras y el anestesista sólo eran capaces de decirme: “No llores! La niña es preciosa!”¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra? “Dejádme llorar tranquila” fui capaz de decir, y en un momento desaparecieron todos. Mejor llorar sola que mal acompañada.

Por eso, cuando Laia llora porque se ha hecho daño, o lo que sea, le digo: “Ah… te has hecho daño… Llora, amor mío, llora… que las lágrimas también curan”.
Me pregunto cuánta pena y tristeza tenemos almacenadas en forma de nudo en la garganta o de contracción en el diafragma por haber escuchado: “No llores”.

Categorías:General, Sociedad
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